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¿Siguen siendo
necesarias las políticas de igualdad?
Sí, claro que son necesarias. Yo aún
diría más, son imprescindibles, porque todavía la situación de
desigualdad de las mujeres tanto en Europa como en España es muy
acusada y, por tanto, es muy necesario continuar con las acciones
emprendidas e imaginar nuevas propuestas para corregir el punto de
partida y poder competir en igualdad de condiciones con los hombres.
¿Qué ámbitos del mundo de la mujer están todavía
por desarrollar para alcanzar la tan deseada igualdad?
Sobre todo el acceso de la mujer a todos los ámbitos de poder
y decisión, no sólo en el terreno de la política. Probablemente
para llegar a equilibrar el punto de vista de las mujeres con el de
los varones quede un largo trecho por recorrer, y la prueba es que aún
contando con que las mujeres jóvenes españolas tienen ahora mismo un
nivel de capacitación similar e incluso superior al de los hombres de
su edad, siguen encontrándose muchas barreras y trabas en su
desarrollo profesional.
¿Qué se puede hacer desde el Parlamento Europeo para modificar los
aspectos retrógrados de determinadas identidades culturales que
conviven con nosotros dentro de la Unión Europea?
Desde el Parlamento Europeo hemos apostado siempre por el diálogo,
dejando muy claro los límites dentro del respeto por las tradiciones
y las culturas. Pero las fronteras se encuentran recogidas en los
tratados de Derechos Humanos y no hay ningún relativismo cultural a
la hora de defender dichos derechos.
Desde la visión privilegiada de eurodiputada, ¿cuáles
son los países que abanderan la vanguardia en la igualdad genérica?
Los países escandinavos en su conjunto, los que se
desarrollaron democráticamente antes que nosotros y apostaron desde
un principio por la igualdad de género. Los países centroeuropeos
presentan un panorama bastante bueno, aunque con carencias, y luego
están los del arco del Mediterráneo, excluidos los que acaban de
entrar en la Unión, que presentan ciertas conductas sexistas, no en
lo que a políticas legislativas se refiere, sino porque en lo más
profundo de las relaciones sociales permanece una cultura patriarcal
muy acusada; incluidos los países que han sido marxistas, que
consideran la clase trabajadora como uniforme, cuando la realidad es
que las mujeres viven situaciones de desigualdad muy evidentes. Por
tanto, no siempre la cultura de izquierdas ha sabido entender las
reivindicaciones feministas, y hace muy pocos años que la
socialdemocracia ha abrazado la causa de la igualdad.
En España hay más mujeres que hombres en la
Universidad y sacan mejores notas. ¿Cómo se explica que las mujeres
no se hayan incorporado plenamente al mundo laboral y sigan teniendo
el techo de cristal?
Más que de cristal habría que decir que es de cemento armado. Si
fuera de cristal lo hubiésemos traspasado hace mucho tiempo. Hay una
resistencia en la sociedad en general a dar a las mujeres el mismo
papel que a los hombres, las trabas vienen del mundo masculino, pero
no sólo de ahí, se ha convertido en una resistencia social que está
en lo más profundo de la estructura en la que vivimos. A pesar de que
en nuestro país ha crecido el empleo femenino, el diferencial de
ocupación entre hombres y mujeres no se ha acortado y la brecha sigue
existiendo. Las mujeres siguen teniendo una enorme dificultad para
compatibilizar su vida profesional y familiar.
¿Qué ha supuesto el Plan Concilia lanzado desde el
Ministerio de Administraciones Públicas?
Ha supuesto mucho a favor de la igualdad, aunque luego surgen
los problemas añadidos para poder desarrollar la iniciativa, pero
cualquier medida novedosa y renovadora tiene en principio problemas de
implantación. Me parece razonable que se lance desde la Administración
Pública y que se haga también extensible a toda la sociedad. En
nuestras sociedades había dos funciones diferenciadas, la productiva
y la reproductiva, la primera se le encomendaba a los varones y la
segunda las mujeres; actualmente la realidad es otra y, por tanto, se
impone el organizar la sociedad de tal forma que ambos sexos hagan las
dos cosas sin trabas ni problemas. No es posible que los horarios
laborales sigan siendo incompatibles con los escolares.
¿Es justa la repartición por cuotas que se da en
algunos ámbitos, o quizás habría que ir a una mayor valoración de
los méritos independientemente de los géneros?
La condición genérica es de desventaja y por tanto hay que
corregirla. Es lo mismo que las carreras de relevos, en la que al
corredor que le toca la posta de la curva sale un poco antes que los
demás. Cuando no existan las desigualdades de partida y en las
sociedades salgamos todos a correr en las mismas condiciones de línea
recta, no existirán las cuotas y medidas igualitarias.
¿Qué valoración hace del borrador del anteproyecto
de Ley de Garantía de la Igualdad?
Es una apuesta sólida y que mira al futuro de una sociedad más
equilibrada.
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